¿Por qué leemos lo que leemos?
Hace unos días se me dio por preguntar en el Facebook: “¿Por qué estás leyendo el libro que estás leyendo?”. Hubo respuestas variadas, pero en general relacionadas con un fin, un objetivo. Es decir, respuestas que tenían más que ver con el para qué en vez de con el por qué. Yo quería saber, en realidad, las causas y no las pretendidas consecuencias.
Es que en general funcionamos así: el mundo nos mete en la cabeza la idea de que las cosas hay que hacerlas para algo. Pero lo cierto es que también hacemos las cosas por algo. Y pocas veces nos interrogamos acerca de las causas de que las lecturas que ocupan nuestros días sean precisamente esas y no cualesquiera otras.
Leemos lo que nos gusta, dirá enseguida alguien. Pero no es así, no siempre. ¿Cuántas veces nos ensartamos con libros que nos parecen aburridísimos, malos, feos? Podemos leerlos enteros o abandonarlos por la página 10 o por la 347, pero lo cierto es que un determinado tiempo lo (¿mal?)gastamos en ellos. El gusto no es una variable válida, porque sólo sabemos si un libro nos gusta luego de leerlo (total o parcialmente).
ENTONCES, ¿POR QUÉ?
Creo que hay una serie de factores que nos llevan a adentrarnos en determinados libros, y no en otros. De los millones de libros que existen en el mundo, estamos condenados a leer en toda nuestra vida –aun dedicándole muchísimo de nuestro tiempo– apenas unos miles, y a descartar todos los demás. Así que me propuse elaborar un pequeño catálogo de motivos:
a) Recomendaciones personales. Este es quizá el factor más importante y recurrente. Alguien nos dice leete este libro, y uno va y lo lee. Pero claro, no es tan fácil: ese alguien tiene que ser una persona que ejerza una influencia sobre nosotros, ya sea porque nos conozca mucho, porque coincida con nosotros en nuestros gustos literarios, porque su opinión sea muy valorada por quien recibe la sugerencia… Piensen, si no, en cuántas recomendaciones generan un efecto contrario al deseado: escuchamos decir a alguien que tal libro le gustó mucho y nos cruza por la cabeza una idea como un acto reflejo: entonces yo no voy a leerlo nunca…
b) Referencias e influencias de los autores que nos gustan. También son, a su manera, recomendaciones. En muchos casos involuntarias, hasta secretas, en otros son deliberados, parte de un plan. Arlt no quiso recomendar a los rusos, pero su influencia es tan fuerte que, si uno disfruta con Los siete locos y Los lanzallamas, debería salir corriendo a buscar a Dostoievsky, a Andreiev y a todos los rusos de aquella época. Borges, en cambio, repitió hasta el hartazgo quiénes eran sus favoritos y los impuso en el canon argentino: Chesterton, Kipling, Stevenson, etc.c) Lo que tenemos a mano. A medida que este inventario avanza, se acrecienta el contenido azaroso de sus ítems. Por eso podemos mencionar aquí esta rara categoría. ¿Cuáles son los-libros-que-tenemos-a-mano? Son, principalmente, los que están en la casa en la que vivimos, pero no porque nosotros los hayamos hecho llegar hasta allí. La biblioteca familiar, los libros de la persona con quien vivimos (compañero de casa, pareja, etc.), libros que aparecen en el trabajo como perros callejeros, que están ahí pero no son de nadie y nadie los echará en falta si un día nos los llevamos para ver qué tal…
d) Ofertas: categoría fundamental para lectores pobres, como quien redacta estas líneas. Precios rebajados, mesas de saldos, librerías de viejo: lugares donde un número atractivo puede ayudar a dotar de interés a un libro. Lo investigamos un poco, lo manoseamos, lo sopesamos como Vito Corleone con las naranjas en el puesto callejero, lo hojeamos un poco, leemos la contratapa o algo de las primeras o últimas páginas y, a veces, decidimos comprarlo. Y, oh bendito dios de los aciertos, el libro nos gusta y nos ilumina y nos hace sentir dichosos. Por nombrar un caso personal: descubrí una vez un libro barato en un supermercado Norte de las afueras de Gualeguaychú. Lo compré, lo leí y me gustó mucho. Nunca supe de nadie más que lo conociera. Hasta que, años después, me enteré de que Sean Penn decidió hacer con él una película. Se trataba de Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer, publicado por Ediciones B. Una perlita.
e) Intereses personales: en ocasiones, y sobre todo algunas personas, se sienten especialmente atraídas hacia ciertos libros debido a que éstos se relacionan de alguna manera con sus aficiones, sus gustos, el lugar donde viven, etc. Por ejemplo: un amigo mío, para nada seguidor de Bioy, leyó La aventura de un fotógrafo en La Plata simplemente porque él vive en la capital bonaerense. Los hinchas de fútbol disfrutamos de leer a Fontanarrosa y los cuentos de Soriano, y los que gustan de la pesca, de Hemingway. Y así.
f) Cercanía en las bibliotecas: esta es, me parece, la más azarosa de las causas. Nunca había pensado en ella, hasta que me la mencionó Patricio Pron en una entrevista. Vas a una biblioteca en busca de un autor que te gusta y, cuando repasás los anaqueles en orden alfabético, te topás con este o aquel autor al que no conocías, o al que sólo habías escuchado nombrar, te preguntás por él, tomás el libro, lo hojeás… y el resto es historia conocida. Buscando a Roberto Bolaño conocés a Heinrich Böll. Vamos detrás de Rodolfo Walsh y damos con Irvine Welsh. El cazador de Salinger se oculta detrás de los tigres malayos de Salgari. Etcétera.
CAMINOS, REDES, HISTORIAS
Seguramente hay otros factores que, al menos por ahora, se me escapan. Múltiples circunstancias nos mueven, influyen sobre nuestras decisiones, marcan rumbos. Se encadenan: un libro que alguien nos recomendó nos puede abrir un nuevo horizonte de lecturas, a partir de descubrimientos, nuevas influencias, etc. Y así vamos formando un camino de libros y de lecturas, un camino propio, inigualable, irrepetible. Caminos que además conforman redes: ¿cuántos puntos de contacto, cuántas intersecciones generan esos itinerarios? ¿Cuánta gente está leyendo en este momento el mismo libro que yo? ¿En qué otros puntos me he cruzado, o me cruzaré, con esas personas?
Así como detrás de la(s) historia(s) que un libro narra hay muchas historias que subyacen y que le sirven como fermento, como materia prima, y así como hay una historia detrás de la construcción, edición y publicación de un libro, también hay una o muchas historias detrás de cada lectura.
¿Cuál es la tuya?
.

