7 de marzo de 2011

Vargas Llosa, la Feria del Libro y las ganas de conservar ambas piernas

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UNO. La semana pasada le preguntaron a Guillermo Barros Schelotto qué elegiría en caso de tener que optar por una de dos opciones: ganar el clásico del domingo contra Estudiantes o asegurar la permanencia de Gimnasia en Primera. Ese tipo de preguntas siempre son divertidas y tramposas. Tramposas, primero y principal, porque nadie nunca se ve obligado a elegir entre alternativas de ese tenor (así como tampoco nadie debe elegir las cosas que se llevaría a una isla desierta); segundo, porque lo que en realidad se busca es la parte negativa. Un viejo chiste cuenta que un judío le regala a su hijo dos sacos, uno azul y uno verde (digamos); su hijo se los lleva a su habitación para probárselos y un minuto después aparece con el saco azul puesto. Su padre pone cara de decepción y pregunta: «¿Qué, el verde no te gustó?». La gracia de la pregunta a Guillermo estaba en ver qué tenía en menos: arrancarle el titular de que le importaba menos el clásico o le importaba menos salvarse del descenso. El Mellizo, con la picardía y la viveza que lo han caracterizado desde siempre, respondió: «Es como elegir cortarme una pierna o la otra».

DOS. En la vida cotidiana, muchas veces nos enfrentamos a situaciones de incomodidad como resultado de preguntas o pedidos o propuestas parecidas a estas (falsas) disyuntivas en que los periodistas ponen a sus entrevistados. Por ejemplo: una persona de confianza —por no decir un amigo— te pide que le des alojamiento a un amigo suyo. Puede que no haya ningún inconveniente, pero supongamos que sí lo hay (por ejemplo: que tu casa sea muy pequeña, que vivas con tu pareja y ella/él no tenga ganas de compartir espacio con un desconocido, que eso altere tu rutina de un modo perjudicial para tu trabajo, etc.).

Si le decís que sí, es un problema, porque te enfrentás a una de esas situaciones que no son buenas para vos; si le decís que no, también es un problema, porque es negar un favor a una persona de confianza. ¿Cuál es, entonces, la mejor alternativa? Sin dudas, que nunca te lo hubiesen pedido. Una vez que te lo piden, ya te no queda otra: te cortás la pierna derecha o te cortás la pierna izquierda.

TRES. Según Mempo Giardinelli, a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner la Fundación El Libro le ha tendido una de esas trampas al invitar a Mario Vargas Llosa para inaugurar la Feria este año.

En la contratapa de la edición del jueves 3 de marzo de Página/12, el autor chaqueño dice:

Invitarlo [a Vargas Llosa] a abrir la Feria magna de este país y este año es, y otra vez por lo menos, un error. Y una tontería si fuera una decisión ingenua, que no es lo que parece. Porque alguien —ignoro quién o quiénes— parece haber buscado que esta feria, en año electoral, sea una piedra en el zapato del Gobierno.

Y eso es lo irritante. Porque pone a la Presidenta en un lugar gratuitamente incómodo. Si asiste, se comerá un discurso ofensivo, desinformado y provocador. Y si no va, quedará colocada en un lugar de cobardía.

Peor aún: si va y escucha y no responde, acabará contrariada. Y si va y escucha y responde (que es lo más probable), entonces la prensa española y la prensa argentina neocolonizada la despedazarán diga lo que diga.

No hay salida. Y ahí está la trampa.


CUATRO. Mi primera reacción ante la noticia de que un grupo de intelectuales encabezados por el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, pretendía boicotear la invitación a Vargas Llosa fue de sorpresa. Pero se me pasó enseguida.

El 27 de octubre de 2010 y los días sucesivos también me sorprendí. Y aquella sorpresa tardó más en ser asimilada. Fue ante la reacción que percibí en Facebook y demás redes sociales —convertidas en (otro) termómetro para medir los alcances de lo que ocurre en el país para quienes estamos lejos— como consecuencia de la muerte de Néstor Kirchner. Atónito asistí a las numerosísimas muestras de dolor, de fastidio, de apoyo a la presidenta, vi cómo se multiplicaron las imágenes de perfil con un lazo negro sobre los colores de nuestra bandera en expresión de luto, relatos acerca de lágrimas derramadas en la Plaza de Mayo.

Como me faltaba poco para visitar —después de bastante tiempo— el país, decidí dejar de romperme la cabeza a ver si entendía y esperar a estar allí para hablar con gente y que me lo explicaran. Y me lo explicaron, sí. Pero entender… ufff, eso es mucho más difícil.

CINCO. Hay algo (algo que desde afuera creo que casi imposible notar, percibir, descubrir) que genera que en el ambiente de la Argentina se respire una sensación: que en el actual momento político hay que tomar partido por uno de los dos únicos bandos posibles. Estás conmigo o estás contra mí. Si no estás con el gobierno nacional y popular, sos un gorila retrógrado que defiende al capital y el imperialismo. Si no estás con la oposición democrática, sos un neofascista, populista y chavista que —como históricamente hizo siempre el peronismo— lo único que pretende es perpetuarse en el poder. Pareciera que, si uno pretende tener una postura intermedia y crítica hacia ambos lados, a lo más que puede aspirar es a la condena para los tibios anunciada en el Apocalipsis: el vómito de la boca del Dios de los Ejércitos.

SEIS. En ese contexto en el que todo es dable de ser entendido como una provocación, llega la invitación para Vargas Llosa. Un escritor con cuyas ideas políticas no comulgo —las mías se encuentran más bien en sus antípodas— pero que acaba de ser galardonado con el Nobel.

Como una muestra del afán político dominante en nuestro país, González se enarboló como voz del pueblo para pedir que se retirara la invitación para el escritor peruano. La propia presidenta, al comprender la magnitud del error, salió a desdecir a González: «No se puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro». Los más papistas que el Papa siempre son un problema (en especial para el propio Papa).

El programa de televisión llamado 678 —una suerte de Polémica en el Fútbol pero sobre política y con hinchas de un solo equipo— contó en su edición del mismo jueves 3 de marzo con la presencia de Martín Kohan para aportar un poco de lucidez. Entre otras cosas, el autor de Dos veces junio señala:

A mí me sorprende muchísimo, porque estaba segurísimo de que en el peronismo, después de no haber podido leer a Borges por no saber cómo encajar la relación entre literatura y política, ya habían aprendido. No es lo mismo Borges que Vargas Llosa, pero las lecturas que se hacen son las mismas. La manera de cruzar literatura y política y de sacar conclusiones entre un terreno y otro se parecen tremendamente. Y en la manera en que no se supo cómo debatir con Borges, ni en la literatura ni en la política. Algo de esa limitación, que yo daba por perfectamente aprendida, reaparece cuando no se sabe cómo dar la discusión con la literatura de Vargas Llosa.

Acá está el bloque completo del programa dedicado a este tema. Son casi 50 minutos; la cita de Kohan está en el minuto 30:


En el principio de la discusión sobre la presencia del Nobel peruano en la Feria de Buenos Aires se planteó el interrogante: ¿entonces si Borges viviera tampoco lo invitarían para inagurar la Feria del Libro? Desde luego que no. Y si la Fundación El Libro encontrara la fórmula de revivir a la gente y devolviera a Borges al mundo de los vivos, se diría que este hecho constituye «una piedra en el zapato del Gobierno».

SIETE. Cuando los panelistas de 678 le preguntan a Kohan cuál habría sido la reacción correcta, él explica que habrían debido dejarlo hablar a Vargas Llosa, y luego sí criticarlo y discutir con él. Que el error consistió en pretender silenciarlo, ya que eso genera el efecto opuesto: darle la razón, que el Nobel pueda erigirse (como le encanta hacer a la gente de derecha) en paladín de la libertad.

El bloque del programa termina con una frase de Carlos Barragán:

—Tanto quilombo en la Feria del Libro, (para eso) armamos un asado y nos cagamos a tiros, entonces.

Y las risotadas de todos los demás.

Cuánto bien haría a la discusión un poco más de lucidez como la de Martín Kohan. O al menos como la de Guillermo Barros Schelotto. Porque la verdad, dadas como están las cosas, me da toda la sensación de que tener que elegir entre los dos bandos llamados «el kirchnerismo» y «la oposición» se parece mucho a tener que elegir si cortarse una pierna o la otra.

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13 comentarios:

Eva dijo...

Interesantísima reflexión con una mirada extrañada que da la distancia. Me encantó!!

Francisco (Pancho) dijo...

Muy buen post. Creo que parte del problema radica en que lo más importante para estos dos bandos es tomar posición y mostrarla, y luego, intentar argumentar. Y ahí es donde falla esta dialéctica perversa: las argumentaciones suelen ser, además de falaces, berretas. Pero es el lastre de la política argentina: etiquetar, señalar: "este es facho, cuidado". Saludos

Cristian Vázquez dijo...

Eva, muchas gracias por tu comentario, y me alegro de que te haya gustado.

Pancho, gracias y coincido totalmente con lo que decís acerca de primero alinearse con una posición y sólo después buscar justificarla. Eso es muy peligroso y lamentablemente ocurre muchas veces en muchos ámbitos distintos...

Patricia Arancibia dijo...

Genial, mil gracias por el post. También vivo afuera y siento exactamente lo que describís. Que la izquierdo "intelectual" argentina haya degenerado en ese esperpento que es 678 me da pensa y pausa.

Sergio San Juan dijo...

Acuerdo con casi todo lo que escribís en este post, querido Cristian. Sin embargo algunas reflexiones de Kohan me provocan un poco de ruido. Eso de que el peronismo no aprendió a discutir políticamente con Borges y que repite el error con Vargas Llosa. Recuerdo que entre otras cosas Borges aplaudió los fusilamientos de la Libertadora y trató de salvadora de la patria a la más sangrienta dictadura. ¿Por qué tengo qué discutir políticamente con eso? ¿Quién va a obligarme a hacerlo? Kohan dice también que discutamos su literatura. Eso no está en juego, Borges es quizá el mejor escritor en lengua española y no leerlo y releerlo es casi un pecado capital. Casi lo mismo diría de Vargas Llosa.
Que venga y dé su discurso.
Mientras tanto sigo pensando como muchos que es hora de tomar partido. A los tibios no los vomitará nadie, pero no se aceptan quejas si los gerentes de los grupos dominantes vuelven al poder.

val dijo...

Es cierto lo que dice Sergio , hay que tomar partido lo que ocurre es que es verdaderamente dificil hacerlo por alguna de la opciones existentes. Yo no me considero ·tibia" pero tampoco puedo sentirme representada por lo que hay, creo que una postura critica es lo mejor que puedo hacer por el momento.

Cristian Vázquez dijo...

Patricia, muchas gracias a vos por pasarte y leer. Por cierto, no creo que sea justo decir que "la izquierda intelectual" derivó en 678; es más bien una parte de ella, quizá una parte minoritaria pero -como suele pasar- la que más ruido hace.

Sergio querido: por supuesto que nadie va a obligarte (ni a vos ni a nadie) a discutir los puntos que señalás, porque además la discusión, para que sirva para algo, tiene que partir de ciertas bases comunes. Pero me parece que la idea que expresa Kohan no es discutir "sólo" políticamente con Borges. Quedarse con que Borges fue un tipo que trató de salvadora de la patria a la dictadura sería como quedarse con el "alpargatas sí, libros no" del peronismo. Creo que cuando Kohan dice eso se refiere a cómo relacionarse con la figura de Borges: como bien decís, un escritor ineludible, pero a la vez una voz política contraria con la que no coincidís en nada. No censurar ya es, en cierto modo, discutir.

val, creo que hay ciertos sectores -quizá me equivoco, pero me da la sensación- que a esa alternativa que vos elegís (la de no sentirte representada por lo que hay y "sólo" adoptar una postura crítica) la califican de tibieza. Habría que, también, definir los términos. Gracias por pasarte.

Sergio San Juan dijo...

Extrañado Cristian: si hay algo que la patria propone en estos momentos es la discusión. Y como buenos argentinos los que tomamos partido nos apasionamos y a veces cometemos alguna burrada. Por supuesto que esas metidas de pata cuando vienen desde el poder nunca son inocentes. Pero espero se permita o por lo menos se trate de comprender el por qué de tanta pasión. La postura crítica es la que nos hace más inteligentes, mejores personas. Pero es algo difícil transmitir que muchos sentimos que hay algo profundo que está cambiando en la historia. Sigo siendo crítico, pero al enumerar las bolas lisas y las bolas rayadas de este momento histórico, creo cada vez con menos dudas que lo bueno que se está haciendo es una gran transformación que nos hará mejores ciudadanos. Un abrazo grande.

Anónimo dijo...

Cristian ya lo sabe, pero el resto de los comentaristas no: soy peronista, soy kircherista. Y lo digo porque la honestidad de asumir la propia identidad me parece el punto de partida fundamental para cualquier debate.
Más que la cuestión Vargas Llosa, me interesa lo que mencionó Val, acerca de tomar partido, o no, frente a lo que parecen opciones inevitablemente binarias (y en su caso, cuando ninguna de las dos posibilidades la convence).
No sé si acá tendré espacio para explicar mi posición, que pasa por estos puntos:
1º) la opción de no tomar partido es totalmente legítima, totalmente respetable.
2º) la opción de cuestionar a quienes toman partido es totalmente legítima, totamente respetable.
3º) la opción de cuestionar a quienes no toman partido es totalmente legítima, totalmente respetable.
4º) en política, las opciones, los partidos a tomar, no son los que más nos gustarían, sino los que la realidad concreta nos ofrece. Y nuestro destino (como pueblo, como país, como sociedad), nos guste o no nos guste, pasa por esas opciones concretas y realmente existentes. Opciones siempre perfectibles, desde ya, pero concretas. Es lo que hay... para entendernos, y no hay otras cosas que nos gustaría que hubiera.
Y en algunas ocasiones, no siempre, pero en muchas ocasiones, no tomar partido porque ninguna de las opciones nos satisface por completo, se parece mucho a quedarse con la conciencia limpia y tranquila, a no meter los pies en el barro para no manchar principios ni legajos y, simultáneamente, no hacer nada para cambiar las cosas.
No sé si es la mejor comparación, pero se parece para mí a la situación de los empleados que frente a la disyuntiva de hacer huelga o no hacerla, como no están de acuerdo con "la metodología" del sindicato, o con los prontuarios de los gremialistas, no paran, aunque manifiestan su rechazo "de principios" a la patronal y compartan la justicia del reclamo. Claro, si los riesgos son los despidos u otras consecuencias negativas, a ellos no los toca. Si la huelga triunfa, en cambio, sí están dispuestos a cobrar el aumento de sueldo.
Bueno, esto da para más, pero aún así creo que lo hice muy largo. No quiero ofender a nadie, simplemente reflexionar un poco.
Saludos para todos. Emiliano

Anónimo dijo...

Acabo de recordar una anécdota de Jacobo Timerman, mencionada en la biografía que escribió Graciela Mochkofsky.
Creo que fue en La Opinión, pero tal vez no. Timerman le pide a un joven periodista un artículo sobre las internas del radicalismo cordobés. El tipo la escribe y se la muestra. Timerman dice: "pero acá figuran como cinco grupos". El otro le responde que sí, que son cinco, y empieza a describirlos.
Timerman lo detiene y le dice: "no pibe, no. Son dos lados. Estos contra aquellos. SIEMPRE SON DOS LADOS".
Pido disculpas por llevar el debate original a otros confines.
Emiliano

Sunya dijo...

Quisiera solamente mencionar que mientras en muchos medios falsean información descaradamente (no hablo de opiniones), incluso con el tema de Vargas Llosa, en el esperpento de 678 escuchamos a Martín Kohan y lo disfrutamos. Y aprendemos.

Anónimo dijo...

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